Mi primer mural en Gijón

Corría el año 1984, un día de septiembre. Era un día antes de empezar el curso escolar. De eso me acuerdo porque llegamos antes incluso de que los muebles estuvieran ya en casa y dormimos en unos colchones en el suelo, rodeados de algunas cajas y un olor a nuevo en el ambiente. Comenzaba una nueva etapa de mi vida. No me dio tiempo a conocer a nadie en el patio de la urbanización. Aquella noche dormí por el cansancio del viaje, en aquellos días no era lo mismo venir en coche de Madrid, y menos en un Renault 5 de 1979 cargado hasta los topes, con cinco personas y el Puerto de Pajares por delante.

El primer día de clase recuerdo que me presentaron al resto de mis compañeros como un niño de Madrid. Todos me miraron como un extraño, ¿Entenderían Marte?, me pasó por la cabeza. A parte de esas diferencias planetarias yo venía de otro sistema educativo. Si, no os sorprendáis, esto es España y cada comunidad tiene su sistema educativo –lo mejor para marcar diferencias entre todas las provincias desde el principio-. En mi colegio en las clases de primaria se podía pintar en las paredes de las aulas y los pasillos. Cada trimestre los pintaban de nuevo.

Sonó la sirena del recreo. Todos los niños salieron corriendo al patio. Yo no conocía a nadie y me fui quedando atrás, tan atrás que quedé solo en clase. Para ganarme a mis compañeros, mientras comía mi sándwich de jamón y queso, decidí pintarles unas cosas en las paredes… Menos mal que el recreo eran 30 minutos y mis manos y brazos eran todavía pequeñas y regordetas porque me dio tiempo a realizar un buen mural a rotulador en una de las paredes. Al llegar mis compañeros quedaron sorprendidos, no por lo bien ejecutado me imagino, sino por tener arrestos para haberlo realizado. La profesora –no daré su nombre ya que para mi fue la profesora más borde y vinagre que me tocó en mi etapa colegial. No sé a día de hoy, como podía dar clase a niños tan pequeños con tan poca paciencia- me cogió de la oreja y me sentó todo el día en su mesa.

pintura-entretenida-para-paredes

Ese día por la tarde mis padres tuvieron que ir al colegio a oir todas las reprimendas de la profesora. Pidieron disculpas y explicaron de donde venía ese afán muralista.

Fueron muchas las veces que la profesora llamó a mis padres para decirles que era un rebelde. Pero la verdad no dejaban de ser cosas que todos los pequeños un poco inquietos e imaginativos hacemos en clase y  que confrontaban con las ideas del antiguo régimen de algunos profesores ya en los 60 años entrados en los años 80.

Con el tiempo mis padres me llegaron a confesar que esa profesora era una rancia y que no valía para primaria… Pero ese día en casa mi padre al llamarme a cenar me dijo por el pasillo: – Hijo acuérdate que nada de murales en este colegio. Aunque estaba chulo lo que hiciste, yo no lo borraría!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s