Mis primeras clases de pintura.

No fue hasta que nos mudamos de Madrid cuando me apunté a clases de pintura.

Era el año 1986. Junto con mi hermana nos llevaron al taller de Carlos Roces. Pintor asturiano que ha dedicado gran parte de su vida a dar clases de pintura. Era en un primero donde las ventanas daban al Paseo de Begoña -algo que me acuerdo bien porque lo que más me gustó pintar en esas clases fue la vista desde la ventana- en la calle Dindurra. Actualmente está reformado.

Yo sólo duré un mes y medio, mi hermana creo que llegó a los 6 meses. Desde el principio me impusieron el carboncillo como extensión de mi mano izquierda. Yo que ansiaba pintar con pinceles, mancharme las manos con el óleo… no hacia más que dibujar. Difumina aquí difumina acá… si yo ya me pasaba todo el día dibujando en casa! Fue una tortura el enfrentarme cada lunes, miércoles y viernes a una escultura de una virgen en yeso con los pliegos de su ropa… Nada más salir de las clases llegaba a casa y sacaba mis rotuladores carioca -esa caja de plástico de 36- y me ponía a dar color a lo que quedaba de tarde.

Cuando pasó el primer mes dibujando al carboncillo toco realizar una obra libre, al fin algo fuera del mundo religioso. Fue cuando me puse al lado de la ventana y dibujé todo lo que veía desde ella. Los coches aparcados, la pista de fútbol sala, los árboles… pero en carboncillo.

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La semana siguiente empezaba el color! El óleo!! Me acuerdo perfectamente de los colores que me mandaron comprar. El Blanco de Titanio, Negro marfil, azul ultramar, rojo de cadmio, amarillo de cadmio y el tierra de siena tostada. Con estos seis colores debes saber mezclarlos, ya que salen, en teoría, todos los colores.

dsc03439.jpg

Pero Carlos Roces me puso a dibujar un bodegón con plato, jarra, una virgen en miniatura y una tela caída de fondo. ya sé que es lo mejor para aprender la técnica. Las naturalezas muertas están cargadas de planos, puntos de fuga, luces, texturas estáticos que es lo mejor para aprender a pintar. Pero yo no iba a aprender la técnica, sino a dejar fluir mi imaginación en un lienzo. Es como si volase a todas horas del día y me cortasen las alas al enfrentarme a este bodegón. Mientras el profesor se iba de la habitación a la contigua-donde estaban los alumnos mayores- yo sacaba mi cuaderno y continuaba con mi historieta acerca de un perro.

Concluí mi bodegón, me gané la libertad! Porque al colocarme mi profesor otro delante con frutas y jarrones de cerámica, tuve el valor de decir a mi padre que no quería ir más.

Tras esta experiencia seguí dibujando mis historietas. Me encantaban los cómics y quería ser un dibujante de cómics. Pero es que desde los 8 años que tenía en 1986 he querido ser arquitecto, veterinario, astronauta, pianista, cineasta…

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